Acaban de finalizar las VI Jornadas Educar para Ser. Todavía resuenan en el Teatro Regio los aplausos, las risas, las palmadas y golpes al danzar… Y también flotan en el aire las reflexiones compartidas, las ideas guardadas en la memoria, las ilusiones por llevar a las aulas y las escuelas los cambios que han de hacer avanzar el compromiso de todos por mejorar nuestra educación. A todas y todos los que quisisteis estar con nosotros…

¡GRACIAS!

Mónica Gutiérrez de Basurama, Andrés G. Bellido, Irene de Puig, Paloma Ibáñez, Anna Forés, Javier Romero y Siro López fueron nuestros guías durante dos emocionantes días en los que fue posible hacer compatible la alegría terapéutica del baile con el examen de la realidad del acoso escolar, la concienciación de la reutilización de la basura con la creación de espacios escolares vivos y creativos o la búsqueda de la felicidad con la filosofía y la resiliencia. Todos y cada uno de ellos y ellas fueron magníficos en sus exposiciones y Educar para Ser, hablando en nombre de todas las que participamos, les estará siempre profundamente agradecidos.

El compromiso de Educar para Ser es trabajar por una educación que haga de nuestros niños y niñas personas con capacidad crítica. Así lo dijimos en nuestras palabras de bienvenida a las VI Jornadas. Y por eso queremos dejarlas aquí, para recordarlas siempre. De nuevo, ¡mil gracias!

Buenos días a todas… y a algún todo, también.

Os damos la bienvenida y, como en años anteriores, os estamos profundamente agradecidos por sumaros a nuestro proyecto… a quienes ya sois fieles a Educar para Ser y a quienes os unís por primera vez y, esperamos, queráis regresar. Y, en esta ocasión, el agradecimiento tiene un valor especial pues, pues para llegar hasta este momento hemos tenido que lidiar con elementos sobrevenidos: la disponibilidad de este magnífico teatro, el éxodo de la semana blanca, aviones que no vuelan cuando estaba previsto o, también, el reciente paso por el hospital de uno de los miembros de Educar para Ser que amenazó con mermar nuestra fuerza. Pero aquí estamos los tres y vamos a disfrutar con todas vosotras estas Jornadas.

En la carpeta que os han entregado, hemos preparado, junto a la revista Educación 3.0, a la que agradecemos su apoyo y que haya querido estar presente con nosotros, diverso material que algunos de los ponentes de estas VI Jornadas nos han solicitado que os diéramos. Lo que no encontraréis en esa carpeta será ningún pin, ni de los que sirven para ponerlos en la solapa ni de los que sirven para poner vetos, ejercer la censura, limitar vuestra libertad como docentes o amputar los derechos de vuestros alumnos y alumnas.

A algunos nos tocó vivir una escuela en la que, a diferencia de lo que unos cuantos dicen que ocurre hoy en las aulas de este país, no había adoctrinamiento. Había amaestramiento. O bueno… quizá un poquito de doctrina sí que se impartía cuando el axioma saltaba la barrera de las matemáticas y las verdades indiscutibles se imponían como dogmas que cuadriculaban la existencia. No había opciones. No había donde elegir. Ni nada que discutir. Por eso, supongo, aquellos que impusieron esa escuela debieron deducir que educar a personas con capacidad de crítica era completamente innecesario, inútil y hasta peligroso. Y, cómo no, los que ahora, de una forma más o menos velada, añoran aquella escuela, aquellos tiempos, son quienes vuelven a decir que es innecesario, inútil y peligroso educar a los niños y niñas en los valores de la libertad, del respeto, de la igualdad, de la defensa de los derechos sociales, del aprecio de la diversidad, de la tolerancia con el distinto, del cuidado medioambiental… Que saber, conocer y obtener elementos de juicio para poder valorar, elegir o criticar es lo mismo que adoctrinar. En estas estamos… Y, desgraciadamente, me temo que este estado de las cosas durará pues, en realidad, esta discusión, en el fondo, nada tiene que ver con la escuela, a la que han convertido en escenario de una pelea de intereses a veces poco confesables. En cualquier caso, ya sabéis en las Jornadas Educar para Ser está prohibido prohibir.

Pareciera que, al igual que el teatro vive en una crisis perenne, pero las funciones se representan, o que para la lírica siempre son malos tiempos, pero los versos se siguen escribiendo, la educación parece estar condenada a no ser jamás materia de consenso en este país. Pero todos nosotros y nosotras seguimos trabajando para que eso deje de ocurrir, porque estoy seguro de que a muchas de las que aquí estáis se os ocurren muchas maneras de alcanzar ese acuerdo. Será entonces que es que no nos preguntan… Y, quizá, esa sea una de las razones por la que estamos hoy aquí. Porque, a pesar de todos los pesares, seguimos creyendo que otra escuela es posible. Hagamos que así sea.

Muchas gracias.

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