Maider Pérez, diplomada en Turismo y con años de experiencia en el sector del viaje, decidió reciclarse tras su segunda maternidad, mediante cursos de community manager y marketing digital, lo que le permitió conciliar su vida laboral y personal ejerciendo esta profesión en diferentes colegios. De esta manera vio la necesidad de formar tanto a padres como a jóvenes en las precauciones en el mundo digital. Junto a una abogada experta en nuevas tecnologías, ofrece charlas sobre seguridad en Redes Sociales, en un idioma cercano y perfectamente entendible para, en la medida de lo posible, acortar la distancia generacional que ha supuesto el tsunami de las Redes Sociales.

Puedes ver sus consejos sobre tecnología o contactar con ella a través de su blog o de su perfil en Twitter (@MaiderPeVi).

Está en boca de todos lo ocurrido en un grupo escolar de WhatsApp sobre la celebración de unas madres por el cambio de clase de un niño con síndrome Asperger. Ya el hecho en sí de celebrarlo me parece terrible y totalmente fuera de lugar, pero si no se hubiera difundido no se hubiera conocido. ¿Qué pasa con la privacidad? ¿Cómo utilizamos esta herramienta de comunicación?

Pues resulta que si el que difunde el contenido formaba parte de ese grupo, no hay delito alguno, en cambio si alguien ajeno a ese grupo difundiese esos pantallazos, entonces sí estaríamos incurriendo en delito según las leyes españolas.

Pero no nos vamos a meter en jardines legales, simplemente pensemos con sentido común. ¿Qué ejemplo estamos ofreciendo a nuestros menores, si divulgamos contenido privado, si hacemos pantallazos de cosas dichas por otros para usarlo en su contra o a sus espaldas? ¿Qué ejemplo les ofrecemos si nos ven criticando a alguien? Somos los espejos en los que se miran. Somos sus ejemplos a seguir, no conocen otra fuente de inspiración para saber qué es lo correcto y por eso debemos ser comedidos a la hora de actuar también en el 2.0.

Nos ha tocado vivir una era nueva como padres

No hay referencias anteriores al uso de móviles y dispositivos. Y no sabemos muchas veces qué consecuencias puede tener el mal uso de las redes sociales. Pero tampoco debemos dejar que sean nuestros hijos quienes experimenten por su cuenta, tenemos que usar el sentido común e implicarnos en conocer y aprender sus usos. Cuando entregamos un móvil o una tablet a nuestros hijos -cada vez antes, por cierto-, no nos sentamos con ellos a explicarles para qué sirve y cómo comunicarse con ellos. Si simplemente se lo damos y aprenden por su cuenta, estamos poniendo en su mano un arma de destrucción masiva, sobre todo si no enseñamos con el ejemplo.

Si ellos ven que pertenecemos a muchos grupos de WhatsApp, grupos que son subgrupos de otros, en los que ponemos verde al que falta o que compartimos numerosas fotos de nuestro verano en la playa o que estamos pendientes de las conversaciones mientras comemos, pues ellos creerán que es normal esa actitud y lo harán multiplicado. Porque, siento deciros, que ellos tienen muchos más amigos y muchas más redes de las que estar pendientes que nosotros. Por eso, para ayudaros en esta nueva etapa digital que nos ha tocado vivir os hago algunas recomendaciones:

1.- La primera y más importante: sentarte con ellos, no sólo el primer día de móvil, sino de vez en cuando también, y compartir conversación con ellos sobre su uso.

2.- Conocer algunas palabras que os puedan ayudar a romper el hielo digital. Aquí os dejo un pequeño diccionario.

3.- Enseñar con el ejemplo y comentar de vez en cuando noticias o sucesos relacionados con las redes sociales, que sirvan de hilo conductor en vuestras conversaciones.

4.- Enseñarle a ser precavido, comentarle que no todo el que le sigue lo hace porque quiere ser amigo suyo. No por tener más seguidores va a ser más popular. Ponerles ejemplos de la vida “real”. Suelen funcionar muy bien vídeos cortitos pero impactantes sobre la privacidad.

5.- Tener una vida familiar plena lejos de las pantallas. Hobbies, actividades, deporte, cine, lectura en papel, viajes, abuelos, primos.

¿Saben nuestros hijos más que nosotros?

Nuestros jóvenes piensan que saben más que nosotros en esto de lo digital, y de la vida. Y puede que así sea, pero debemos mantenernos en nuestro sitio como educadores y como guías. Tenemos que ser capaces de que lo digital forme parte de nuestra vida cotidiana sin tabúes y que tenga la confianza de contarnos lo que sucede o los problemas que les aparezcan. Por ejemplo, si no les decimos a nuestros hijos que no todo se puede compartir por WhatsApp, no lo sabrán. Pero es que quizá ni siquiera nosotros mismos sabemos lo que se puede y lo que no. Esos vídeos en el que aparece alguien haciendo algo, que no es ni el que te lo manda ni nosotros mismos, ya es ilegal abrirlo y por supuesto volver a compartirlo.

Debiéramos pensar qué nos aporta ese compartir, ese abrir

Enseñarles que no todo el mundo puede (o quiere) salir en una foto. Enseñarles que no podemos grabarlo todo y subirlo a las redes sociales. Pero no sólo eso, sino que si algún día se encuentran con un problema derivado de ello, sepan qué hacer y con quién contar. Que acudan a un adulto, puede que al principio no sea a vosotros, pero a un adulto, su tío el enrollado, su profesor de gimnasia, su maestra de música o la vecina del quinto con la que tiene confianza.

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