María Rodríguez Pérez-Rasilla es Directora de Infantil y Primaria en el Colegio Verdemar de Santander, que nos acompañó en las V Jornadas Educar para Ser. Hoy nos relata su experiencia como maestra en estos últimos meses, durante los cuales toda la labor docente se ha trastocado. Pero la ilusión y la esperanza han seguido intactos, recorriendo los pasillos y las aulas de su colegio o llenando las pantallas de los ordenadores.

Me identifico plenamente con Mafalda. Cómo lograr sacar esta mala sensación del cuerpo. Cómo curarse. El curso pasado las clases deberían haber acabado donde comenzaron. La Covid nos apartó  bruscamente de las aulas a grandes y a pequeños, sin permitirnos decirles  hasta luego, no os preocupéis que todo irá bien…

Durante el confinamiento quisimos estar cerca. Queríamos que nuestros niños y niñas supieran que aunque estuviéramos en nuestras casas, no los dejábamos solos. La pantalla es fría, es verdad, pero ahora nos acercaba. Necesitábamos que sintieran que seguíamos dándoles la mano pese a la distancia.

#yomequedoencasa, fue el vídeo realizado por el equipo al completo del Colegio Verdemar en el mes de marzo

Elegimos de banda sonora una canción del grupo cántabro Billy Boom Band y con ellos de fondo, Verdemar al completo, personal auxiliar  y profesorado, entramos en sus casas. Un guiño que nos hizo sentir muy bien. #YoMeQuedoEnCasa#. La  manera de decirles rauda y velozmente que estábamos juntos en esto.

Abril, mayo y junio fueron duros. Nuestra vida cambiaba y en algún caso y en alguna casa, el virus logró colarse por alguna rendija dejando el miedo en el cuerpo. Lo que más nos preocupó entonces, pasando a un segundo plano lo académico, fue el estado emocional de nuestro alumnado. Llamadas constantes, correos, videollamadas, visitas incluso… fueron  supliendo lo que la pandemia nos había arrebatado: el contacto directo.

Los miembros del equipo directivo volvimos a la escuela en mayo. La soledad y el silencio nos abatían. Añorábamos el bullicio, los juegos en el patio, las carreras en el pasillo… Sobrecogían las paredes desnudas. Carentes de color. La sensación era extraña y un halo de tristeza coronaba cada espacio.

Llegaron las vacaciones de verano y nos vimos asimismo privados de desearles un feliz descanso, de dar a cada alumno en persona nuestra dosis personal de aliento.

La fiesta fin de curso de Verdemar fue virtual, pero igual de divertida y emocionante, como mostraron en este vídeo.

De nuevo fue la pantalla quien nos acercó. La que nos permitió lanzar a todos  un  “Disfrutad y recargad pilas”, para volver con muchas ganas en ese mes dedicado al dios Vulcano. Y entre verdes y azules, nuevamente nos colamos en sus casas.

Durante el verano seguimos trabajando preparándonos para un inicio que, a todas luces, iba a ser duro. Teníamos que garantizar un entorno donde primaran las medidas de seguridad. Creamos para ello una comisión COVID, donde cada etapa estaba representada, y elaboramos nuestro Plan de Contingencia, con el fin de dar cobertura a todas esas cuestiones que nos generaban incertidumbre, provocándonos mucha intranquilidad.

Y llegó septiembre. Y con él la incorporación a las aulas, Nuestra vida escolar, como la social y familiar, se ha visto extrañamente alterada. Las entradas  al Centro están triplicadas para poder acceder al edificio escalonadamente, guardando la distancia de seguridad recomendada. Nuestros horarios de comedor y de patios también se han triplicado. Hemos abierto espacios nuevos  para desdoblar grupos y contamos con profesorado novel, que se enfrenta en su primera experiencia docente, a una situación que les desconcierta notoriamente más que a nosotros, que al menos jugamos en casa, y eso, nos da cierta quietud.

Han pasado dos meses desde el inicio. Volvemos a oír las risas y a sentir el bullicio, pero todo es distinto. Nuestro lugar en el mundo es otro. Nos cruzamos por los pasillos con más de media cara cubierta. No estamos enteros. Hemos aprendido a sonreír con la mirada. A escucharnos  con los ojos. Los abrazos y los besos, desahuciados por el momento, cuando… ¡¡hacen tanta falta!!

Las familias nos han dejado su bien más preciado y trabajamos día a día para garantizarles un entorno seguro. Y en eso trabajaremos sin descanso.

El Colegio Verdemar nunca dejará de bailar por la Paz, como lo demuestran en este vídeo

Sin su ayuda, respetando las indicaciones que les hemos dado, no sería posible. Pero los héroes son, sin ninguna duda, los niños y niñas, los chicos y chicas que vienen a Verdemar cada día, con la sonrisa puesta y las ganas de hacer cosas en la mochila, pues ellos mejor que nadie –además de facilitarnos enormemente nuestro trabajo- se han habituado a esta realidad.

En Verdemar seguiremos bailando por la Paz con la esperanza de que en un futuro no muy lejano, desechemos las  mascarillas y recuperemos los abrazos. ¡¡¡¡¡¡BRINDEMOS POR ESO!!!! 

Sinceramente los admiro. En el ecuador de este trimestre, solo puedo deciros que tengo la misma sensación que Manolito: “Desde marzo hasta ahora, no entiendo nada”.

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