Paloma Ibáñez es psicóloga por la Universidad Andrés Bello de Santiago de Chile. Especialista en selección y desarrollo laboral, es también investigadora en técnicas de yoga en la educación (R.Y.E.). Actualmente desarrolla el programa de emprendimiento Pasión en Movimiento y el proyecto La asignatura de la felicidad como modelo de aprendizaje en el Premio Enseña sustentable. Éste es su cuarto artículo dedicado a los principios que sustentan ese proyecto.

El otro día, conversando con un amigo, me preguntó: “¿Qué quieres lograr, cuál es tu aspiración, cuál es el sentido de tu vida?”. Sin dudarlo, le dije: “Quiero un mundo mejor, personas que aprendan a ser felices, personas que amen su vida, personas que se conviertan en protagonistas de sus vidas”. Mi amigo, como consecuencia de mi respuesta, me dijo: “Idealista, eso es utópico”. Algo dentro de mi esperaba esa respuesta, con certeza asumí sus palabras y vi su historia reflejada en su percepción, sonreí y le respondí: “Este mundo es de aquellos que creen en sus sueños y de quienes están dispuestos a que su corazón hable aunque algunos traten de callarlo”.

Frente al concepto de “felicidad o bienestar” surgen frente a mi grandes interrogantes. ¿Qué es la felicidad?, ¿de qué sirve ser feliz?, ¿por qué es importante enseñarle a los niños, jóvenes y educadores gestionar su propia felicidad?, ¿existe alguna correlación entre el valor de la autenticidad y la felicidad?.

Percibo ante mí un mundo que necesita y quiere cambios, una educación que ha encontrado su punto de inflexión, ese espacio de energía intermedio que invita a repensar el sendero recorrido y el sendero que hemos de recorrer. Un futuro cercano que nos invita a buscar como valor fundamental en la educación mejorar “la calidad de vida de cada ser”, la cual se encontrará determinada por el grado de felicidad que sienta cada persona consigo mismo, alcanzar un nuevo estado del ser para alcanzar un nuevo estado bioquímico que nos permita aumentar nuestro bienestar . La naturaleza nos hace esa invitación a quebrar paradigmas que hagan posible los cambios, es la manera que la naturaleza tiene para que generemos una mayor expansión en nuestras vidas hacia la realización personal.

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Matthieu Ricard

Para acercarnos un poco más al significado que podemos atribuirle a la felicidad o bienestar hago alusión a Matthieu Ricard, de profesión bioquímico molecular, quién decidió convertirse en monje budista y en la actualidad es considerada la persona más feliz del mundo. Él nos invita a entrenar nuestra mente generando hábitos de bienestar tomando consciencia de las experiencias que marcan nuestra vida, ya que ellas afectan a nuestro cuerpo y a nuestro mundo. En su relato nos da cuenta de que la felicidad o bienestar es un estado del ser que subyace a todas las emociones que podamos sentir cada día frente a las diversas experiencias que vayan surgiendo, es una profunda sensación de serenidad y realización.

La mente es quien aísla una posibilidad a partir de nuestras percepciones o creencias, configurando nuestra biología y mundo interior. Es el sentimiento quien da vida a esta posibilidad entre muchas posibilidades, transformándose en nuestra realidad. Una realidad que se extrapolará a todas las dimensiones del ser humano. La primera invitación es a volver a reinterpretar nuestra propia narrativa, resignificar las experiencias de la vida, a observar nuestra mente y generar hábitos que propicien nuestro bienestar o felicidad.

Al ser la educación el motor principal de transformación social de una sociedad, es necesario despertar, enseñar, desarrollar, potenciar habilidades y capacidades en los niños, jóvenes, educadores y apoderados que les permitan enfrentar los desafíos propios de esta época mediante un modelo educativo en el que las escuelas preparen a la comunidad educativa para la vida, no solo ofrecerle herramientas académicas para entrar a la universidad o ser mano de obra cualificada. Prepararlos para enfrentar los desafíos propios o puntos de inflexión en un mundo en constante cambio, creando pautas prácticas que les permitan despertar, aprender y desarrollar habilidades para generar hábitos de vida saludables que los ayuden a percibir y apreciar sus vivencias de manera sustentable, aumentando su capacidad de resiliencia en todas las esferas de la vida.

Para ello he decidido basarme el mayor estudio sobre la felicidad que se haya generado en el mundo, una investigación que se realizó en la prestigiosa universidad de Harvard en el año 1938, en donde 700 hombres jóvenes fueron seleccionados para ser parte de este proyecto, algunos pertenecientes a la misma universidad y otros pertenecían a barrios pobres de Boston, siendo estos hombres acompañados a lo largo de sus vidas en las distintas áreas, tanto a nivel físico, mental y emocional, este estudio siguió con más de mil hombres y mujeres de las generaciones posteriores. Ha sido el más largo de la historia, durando 76 años de investigación que aún siguen en curso, siendo el actual director del estudio el psiquiatra estadounidense Robert Waldinger, que a su vez también es maestro zen.

Las conclusiones de esta larga investigación han derivado en distintos aspectos, entre los cuales mencionaremos las siguientes:

  1. La felicidad depende en gran medida de la calidad de nuestras relaciones a lo largo de la vida y la calidad se resume en dos aspectos:

    a) La confianza que sentimos hacia nosotros y con otros. (Realización personal).

    b) La capacidad de ser tú mismo. (Aprender a ser – Autenticidad y serenidad).

  2. Practicar y desarrollar la atención y la presencia forma parte de mantener relaciones más conectadas con nosotros y los otros aumentando la calidad en los vínculos que generamos. (Cultivar la mente).

“ La felicidad es una manera de estar que determina la calidad de cada instante de la vida” (Dalai Lama).

Dadas estas conclusiones, se puede inferir a través de este estudio que la relación humana más importante que mantenemos a lo largo de nuestra vida durante cada año y cada día de nuestra existencia, es la que mantenemos con nosotros mismos, relación humana que debemos fortalecer y desarrollar para mejorar nuestra confianza al permitir hacernos auténticos y junto a ello hacernos autónomos, logrando un mayor estado de realización y serenidad interior.

Para ello es necesario trabajar aspectos cómo la autoestima, reconocer y gestionar las emociones, identificar patrones de pensamiento negativos y desarrollar pensamientos positivos que permitan trascender en los desafíos diarios, cultivar la atención, generar un programa de ejercicios físicos que fortalezcan y amplíen la movilidad de nuestro cuerpo, dándole mayor flexibilidad y equilibrio para restablecer la postura corporal y educar en una alimentación consciente. Aspectos que son necesarios enseñar para que la comunidad educativa pueda aprender a vivir una vida más plena y feliz, al desarrollar y fortalecer los propios recursos internos.

La vida es un arte, una ciencia, que debe ser estudiada para lograr un adecuado equilibrio de cada ser consigo mismo, con otros y con la naturaleza. Creando para ello en el campo de la educación una asignatura que esté abocada a desarrollar y fortalecer la relación personal de una manera saludable y sustentable en el tiempo, recurriendo a diversos recursos desde la psicología positiva, la ciencia y el aprendizaje experiencial.

 

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