Paloma Ibáñez es psicóloga por la Universidad Andrés Bello de Santiago de Chile. Especialista en selección y desarrollo laboral, es también investigadora en técnicas de yoga en la educación (R.Y.E.). Actualmente desarrolla el programa de emprendimiento Pasión en Movimiento y el proyecto La asignatura de la felicidad como modelo de aprendizaje en el Premio Enseña sustentable. Éste es su tercer artículo dedicado a los principios que sustentan ese proyecto.

 

La UNESCO señala que la educación encierra un tesoro interior, convirtiéndose en un lugar que transforma vidas, un lugar de transformación social que actúa como un organismo vivo en donde cada integrante forma parte de un sistema dinámico e interdependiente en el que debemos asegurarnos como sociedad permitir a los niños y jóvenes despertar y desarrollar todos sus talentos y capacidades, facultando a cada persona convertirse en seres auténticos, responsables de sí mismos y del proyecto personal que desean cumplir. Facultar a las escuelas, educadores y apoderados convertirse en un lugar que permita florecer, en donde su brújula sea “el aprender a ser” y su norte aprender a conocer, aprender a hacer y aprender a vivir juntos. Una educación que promueva la paz dentro del corazón de cada individuo para impulsar la paz a una escala global, permitiendo generar una humanidad más humanizada.

Hoy vivimos en un mundo de grandes cambios en donde vemos que la forma de vivir y pensar que hemos llevado hasta ahora no está logrando dar respuesta a nuestras necesidades actuales, propias de un mundo globalizado.

“ Estamos en pleno salto de una vida basada en cómo la mente ve el mundo a una nueva manera de pensar y vivir basada en cómo el corazón y la mente sienten el mundo”. Gregg Braden.

Benoit Mandelbrot

Si buscamos en la naturaleza, en nuestra esencia, las respuestas a esta nueva forma de pensar y vivir, nos encontraremos con la simpleza del universo, la norma de la naturaleza es la sencillez. En los años 70, un profesor de matemáticas de la universidad de Yale, Benoit Mandelbrot, desarrolló una manera sencilla de percibir los patrones de la naturaleza que dan origen a todo lo que nos rodea. A esta nueva forma de percibir el universo lo llamo Geometría Fractal, ampliando la mirada de la geometría euclidiana, que comprendía la esencia compleja de la naturaleza a través de aproximaciones: líneas perfectas, círculos perfectos y curvas perfectas. Pero la naturaleza nos invita a percibir la sencillez de sus fragmentos imperfectos que dan forma a todo el universo.

Dentro de estos patrones vemos que cada línea cambia de forma y comienza a moverse en otra dirección, dando origen a un punto de inflexión. Si sabemos que la naturaleza se rige a través de patrones sencillos, leyes que dan origen a puntos de inflexión, en donde la línea puede cambiar, sabemos que nosotros también podemos cambiar en aquellos puntos en donde podemos marcar la diferencia de nuestra vida, de nuestro entorno y de nuestro mundo, dando origen a resultados diversos.

Hoy, en el mundo de la educación, nos vemos situados en un punto de inflexión propio de un proceso natural, en donde podemos reconocer una de las ventanas que se abren para dar la oportunidad de cambiar nuestra manera de pensar y vivir, “basada en cómo el corazón y la mente sienten el mundo”. Permitir a la Comunidad Educativa adquirir herramientas que les  faciliten sus propios puntos de inflexión, ya sean estos propiciados o espontáneos, abrir el sentido de la educación a potenciar la vida de cada sujeto en el mundo y aumentar la sustentabilidad de sus propias vidas de manera saludable y consciente, mejorando la calidad de vida de cada individuo. Creando puntos de inflexión de resiliencia, que se ven reflejados en todos los aspectos de nuestra experiencia, desde nuestra habilidad emocional para enfrentar situaciones de estrés, nuestra capacidad física para resistir dolencias y nuestra capacidad mental para resolver los diversos impactos psicológicos a los cuales nos veamos expuestos.

Nuestra capacidad de resiliencia personal frente a los innumerables puntos de inflexión que debamos experimentar a lo largo de nuestra vida va a depender de nuestro propio conocimiento interior, el sentimiento de esperanza, la capacidad de superación, la solidez de nuestras relaciones interpersonales y el sentido que le demos a la vida. Pero existe un sexto elemento que está en la base de las tradiciones ancestrales y es la ventana hacia nuestro interior y que científicos actuales consideran de gran importancia para el cuidado de uno mismo. Esta fuente de resiliencia se encuentra en nuestro corazón al cambiar la emoción para que nuestro cuerpo reaccione de manera saludable.

En un mundo de sobrecarga de información vemos que niños, jóvenes, educadores y apoderados se ven desafiados a constantes exigencias diarias que son percibidas como amenazas u obstáculos que deben ser superados, lo cual puede desencadenar en un ritmo de vida ajetreado y tensionado. Si bien es necesario el estrés positivo o eustrés, el cual nos alerta para resolver situaciones que lo requieran de manera acorde al desafío, produciendo mayor grado de productividad, creatividad y un adecuado equilibrio emocional al adaptarse de manera acorde a la situación vivida, también existe un tipo de estrés perjudicial para el individuo llamado distrés en el que el individuo percibe o cree que el obstáculo es mayor a sus capacidades físicas o cognitivas, no logrando adaptarse o adecuarse al desafío y pudiendo derivar en problemas físicos, mentales y emocionales al mantenerse por un tiempo prolongado.

Es en nuestros puntos de inflexión en donde podemos generar la diferencia de nuestras vidas y acceder a este estado de consciencia inteligente, al desarrollar a voluntad emociones positivas o sensaciones de bienestar que propicien un estado mayor de coherencia que se verán reflejados en el cambio de nuestro ritmo cardíaco. Diversos estudios documentados del Instituto HeartMath demuestran que solo tres minutos de técnicas objetivas pueden disminuir hasta un 23% los niveles de cortisol y aumentar en un 100% los niveles de dehidroepiandrosterona precursor vital de otras hormonas importantes para el cuerpo, aumentando la resiliencia del corazón y con ello la resiliencia personal, al aumentar nuestro estado de coherencia entre el dialogo bidireccional que mantiene nuestro corazón con nuestro cerebro.

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