Paloma Ibáñez es psicóloga por la Universidad Andrés Bello de Santiago de Chile. Especialista en selección y desarrollo laboral, es también investigadora en técnicas de yoga en la educación (R.Y.E.). Actualmente desarrolla el programa de emprendimiento Pasión en Movimiento y el proyecto La asignatura de la felicidad como modelo de aprendizaje en el Premio Enseña sustentable. Éste es su segundo artículo dedicado a los principios que sustentan ese proyecto.

 

Comenzaré este artículo aludiendo a un pequeño recuerdo traído por el universo hasta mí  de forma sincrónica. Fue la Navidad del año 1990, tan solo tenía siete años de edad y recuerdo haberle pedido de regalo a Papá Noel, en aquella ocasión, una bicicleta, con la que aprendería el gran arte de pedalear con el alma al viento.

¿Te has puesto a sentir el viento cuándo golpea tu rostro, has sentido la magia de la vida? Tan sincero e inspirador es el viento, él nos invita a despertarnos y a recordarnos que estamos vivos. ¡Sólo respira, ese aliento de vida está dentro de ti!

Dentro de nosotros se encuentra cada elemento que conforma este universo, dentro de cada uno se encuentra una sabiduría incalculable que espera dormida. Cada elemento viene a recordarnos un pedacito de nuestra existencia. El elemento fuego, que representa esa energía invisible y vital para la existencia, algunos lo llaman espíritu. El agua, que conforma más del 80% de tu cuerpo, acomoda tus sentimientos, la manera en que experimentas la vida y te permites fluir. El aire, tu mente, en la que encuentras tus creencias, percepciones y pensamientos, aquello que te permite poder interpretar tus experiencias y trascender. Y la tierra, tu cuerpo, el vehículo del alma, de tus emociones y creencias.

Por eso mi invitación es que cada vez que te sientas angustiado, sin energía, estresado, enojado o sin un propósito vuelvas a reconectarte con tu impulso de vida que es la respiración, que vayas lentamente ampliándola de forma gradual y expandiendo tu abdomen para hacerla cada vez más consciente en tu corazón. Vuelve a encontrar ese espacio de paz y sanación dentro de ti, encuentra el equilibrio, descubre el potencial infinito que guardas en tu interior.

Retomo nuevamente mi recuerdo… Fue una Navidad llena de sonrisas, todavía logro sentir la alegría de la gente aquel día y el amor que evocan cuando se encuentran en un estado pleno de felicidad, el tiempo parece detenerse y registro ante mí el milagro de la sonrisa.

Mientras esto sucede, tomo contacto nuevamente con mis ansias para que el tiempo pasara deprisa y dieran las “00:00” horas y Papá Noel se hiciera presente en el cielo de una manera singular y única. Retomo la noción de tiempo, porque el tiempo es relativo al sujeto que lo percibe, cada persona tiene su propia medida individual del tiempo dependiendo de la emoción en la cual nos encontremos vibrando con el universo.

Recuerdo a mi padre gritar “¡Miren el cielo, ahí va Papá Noel!¨. Con mis grandes ojos observé el inmenso cielo y divise una pequeña estrella moverse. Mi corazón empezó a latir muy rápido, el tiempo se detuvo o mi propia percepción de la vida quiso retener ese momento para poder contemplarlo. En ese instante escuché un ruido en el patio frente a mi casa y corrí junto a mi hermano a ver y me encontré con la enorme sorpresa que ya estaban nuestros sueños en pedales en el patio.

Rememorando este pequeño gran recuerdo, al traerlo a mí otra vez, pienso en lo poderoso que son nuestro corazón y nuestra mente, que pueden hacerte sentir, creer y ver como real algo en lo que crees con toda tu alma. Si le añadimos que podemos parar o acelerar el tiempo, ¿no tendremos una fuerza infinita en nuestro corazón que aún seguimos desconociendo? ¿Qué crees tú?

No dejen de creer en lo poderosos que somos como humanos que podemos volver real aquello en lo que pensamos y sentimos, podemos ser constructores de un destino incierto o constructores del mundo que soñamos. No lo olviden, este es un poderoso mensaje que si logran hacerlo parte de sus vidas puede transformarlas. Transformar su vida desde adentro hacia afuera.

Y es aquí donde quiero detenerme, ya que el estado de consciencia en nuestra primera infancia responde a la frecuencia de las ondas Delta y Theta, estado de consciencia que contiene los programas que están instalados a nivel más profundo en nuestra mente (0 a 6 años). Es por ello que nuestras primeras experiencias en torno a nuestro ambiente social pasarán a conformar nuestro subconsciente, el cual interactuará con nuestra realidad inmediata el 95% de las veces, siendo el subconsciente capaz de interpretar y procesar 40 millones de impulsos por segundo. Sólo el 5% atenderemos a nuestra consciencia, quien únicamente puede procesar 40 impulsos nerviosos por segundo, siendo un rol preponderante para hacer consciente nuestro inconsciente, para retomar la propia narrativa de cada individuo y construir una narrativa a través de un estado de gratitud que propicie el bienestar de forma sustentable desde el desarrollo y fortalecimiento de nuestra atención.

Paloma Ibáñez

Gregg Braden nos dice que la mente y el ego son quienes juzgan nuestras experiencias a partir de nuestras creencias, de nuestro niño interior, de nuestras familias, de nuestro condicionamiento y de nuestros miedos. El corazón no juzga y tampoco tiene ego, el ojo del corazón es capaz de ver las enseñanzas de nuestras experiencias o personas sin juzgar, trascendiendo nuestras vivencias. Creamos nuestra existencia partir de lo que nuestra mente y corazón perciben del mundo.

Podemos hacer que el cerebro se reorganice, aludiendo al concepto de neuroplasticidad, generando conexiones más saludables y armónicas en los individuos al modificar nuestras creencias, pensamientos y emociones. El cerebro es un dispositivo electromagnético, en el que las neuronas van generando ondas de diferentes frecuencias en relación a la actividad que se realiza en la recepción y transmisión de información electroquímica entre las neuronas. Estás ondas cerebrales responden a patrones en relación a funciones físicas de nuestro cerebro.

Crear una educación en donde posibilitemos a los niños y jóvenes generar creencias que les permitan construir su propia narrativa de manera armónica, sustentable que los lleve a incrementar su calidad de vida es indispensable para un mundo mejor.

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