Ángela Jurado Herrera es licenciada en Historia y Máster de Formación del Profesorado por la UCM. Ha trabajado en varios departamentos del Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado del MECD y colabora como tutora en cursos de formación con el Centro Regional de Innovación y Formación “Las Acacias” de la Comunidad de Madrid. Experta en TIC y en sus posibilidades en el aprendizaje e-learning, semipresencial y presencial.

Desde hace unos años asistimos al creciente auge de los smartphones, de las apps, de los ipads… en definitiva, de una tecnología que ha pasado a ser imprescindible para el día a día de los jóvenes. Tanto es así que surgió el concepto de los nativos digitales (Mark Prensky, 2001) -aunque el propio término ha generado controversia y un encendido debate sobre si en realidad existen o no- para referirse a la supuesta destreza que, desde la niñez, tienen los adolescentes con los dispositivos tecnológicos. Lo cierto es que ahora crecen en hogares, en su mayoría, equipados con las últimas tecnologías y esto favorece que accedan más rápida y fácilmente a estos útiles; no obstante, estos primeros acercamientos suelen darse en un contexto ocioso (cuando por ejemplo las familias ceden sus móviles para que vean dibujos o para que jueguen a apps) más que educativo.

En las escuelas también ha tenido su reflejo. La conectividad y las tecnologías han permitido crear nuevos entornos y espacios para la interacción y el aprendizaje. Sin duda, esto ha supuesto un cambio educativo, un replanteamiento de la orientación y los objetivos didácticos.

Ahora bien, así como se habla de esos supuestos ‘nativos digitales’ en referencia a nuestros estudiantes, podríamos hablar entonces de docentes más analógicos, acostumbrados al cuaderno y al lápiz, que se encuentran ante un momento de creatividad desbordante, pues ahora se han multiplicado las posibilidades de enseñanza-aprendizaje con nuevos formatos, nuevos lenguajes y nuevos estilos.

Nunca antes había sido tan sencillo acceder a contenidos, nuevo conocimiento y materiales como ahora, pero en términos generales nos hemos estancado en esa accesibilidad sin llegar más allá, esto es, en descubrir el verdadero potencial de esas herramientas, recursos  y/o el software que tenemos a nuestra disposición. La formación del profesorado se hace en este punto imprescindible, pues contribuye a la adaptación de la educación en las aulas a la era tecnológica. Por eso es importante que cada docente construya su propio PLE* (Personal Learning Environment o entorno personal de aprendizaje) en el que se rodee de buenas “herramientas, fuentes de información, conexiones y actividades” (Castañeda y Adell, 2010: 23) con los que aprender. Y, al mismo tiempo, a nivel gremial, se genere una comunidad que comparta e intercambie experiencias para así fomentar redes y PLN particulares (Personal Learning Network o red personal de aprendizaje) con los que conducir esa adaptación tecnológica de la educación. Así, como consecuencia de esa formación, el docente obtiene un buen PLE y sabe cómo gestionarlo adecuadamente, habiendo adquirido suficiente competencia digital como para asegurarse de que sabrá guiar a sus alumnos en la construcción del suyo propio.

Con las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) podemos seguir haciendo las mismas cosas de siempre pero de manera diferente, potenciando otras habilidades y dando mayor protagonismo al alumno como creador. O mejor, inventar y proponer nuevas actividades que antes no podrían contemplarse, personalizando la experiencia de aprender.

¿Tenemos prejuicios en el uso de las tecnologías?

Ahora bien, la tecnología no es la panacea pero tampoco es la culpable de todos los males en el sistema educativo. Su utilidad y necesidad deberán ajustarse a los objetivos planteados ya que emplear la tecnología por decreto puede entorpecer innecesariamente el aprendizaje. Necesita aportar un valor formativo añadido, un extra que suponga una mejora cualitativa para el estudiante, no un obstáculo para llegar a alcanzar esos objetivos.

Gijsbert van der Wal

Esta fotografía causó gran revuelo en las redes donde de manera mayoritaria, las opiniones venían a centrarse en la supuesta obsesión y el carácter antisocial de los niños y los móviles mientras visitan el museo. Sin embargo, apenas hubo juicios que se cuestionasen ese uso para otros fines como por ejemplo para actividades interactivas en el museo (como buscar datos biográficos rápidamente para avanzar en una yincana en el museo). Este posicionamiento tan generalizado demuestra que sí tenemos fuertes prejuicios con respecto a la tecnología. Su amplia presencia y el mal uso que hacemos sí pudiera ser contraproducente, pero el uso móvil per se no tiene porqué ser negativo, de hecho puede ofrecernos nuevos escenarios de aprendizaje más persistentes pues rompe con los límites físicos del aula y expande el conocimiento más allá.

Es por eso que, por un lado, debemos romper con los prejuicios que todavía existen en, por ejemplo, el uso de esos dispositivos en el aula y,  por otro, trabajar para una verdadera aplicación de la tecnología, que no sea un mero sustitutorio de los soportes habituales. Buscamos siempre mejorar los procesos de enseñanza-aprendizaje y para ello el efecto debe ser principalmente cualitativo más que cuantitativo. No por más hardware o más TIC habrá mejor aprendizaje.

Y es ahí donde está el quid de la cuestión, ¿cómo integramos las TIC para que mejoren la enseñanza? Podemos acudir a  estudios (muy interesantes y de recomendada lectura) que han contribuido con modelos para una progresiva implementación de la tecnología en el aula. En la siguiente presentación se proponen varios modelos de integración de la tecnología en la educación.

Así como antes se recurría al diccionario o a la enciclopedia para buscar información o resolver alguna duda, ahora los jóvenes pueden hacerlo con Google que, además de ser más inmediato, les ofrece aún más información que una definición o una explicación.

Es precisamente por esto que algunos defienden que estas mismas cualidades hacen que la mente de los jóvenes sea más vaga y perezosa. Lo mismo que temía Sócrates con la escritura, pues creía que ésta acabaría con la memoria. Sin embargo, esto sólo podría ser posible si el uso que se hace de este tipo de herramientas digitales fuese muy limitado; en realidad lo que viene a hacer es, bien usada, a potenciar nuevas habilidades cognitivas, a personalizar y especializar el aprendizaje. Por eso, demostremos que ese prejuicio con respecto a la tecnología es infundado, como se demostró con Sócrates.

Ante la inevitable practicidad de esa conectividad que tanto atrae a los jóvenes (y no tan jóvenes), nuestra mejor respuesta como docentes, acompañantes en su madurez, es guiarles en el conocimiento y descubrimiento de esas herramientas que ahora están a su disposición. Iríamos, por tanto, hacia una mejora de los llamados “homo contextus” que identifica Arina por nuestra evolución cerebral pues “si en la últimos 2 millones de años nuestros cerebros han crecido físicamente (pasando de 500 cm³ a 1500 cm³) lo siguiente será que el cerebro crezca virtualmente” (2007).

Además, el Foro Económico Mundial ya lo advierte en sus últimos informes, porque “las habilidades digitales forman parte fundamental de un marco de trabajo educativo integral. Sin un programa de educación nacional, el dominio y el acceso a la tecnologías se distribuirán de manera desigual, exacerbando la desigualdad e impidiendo la movilidad socioeconómica” y esto debe ser tenido en cuenta hasta cierto punto ─porque no creo que ver la escuela en términos de empleabilidad sea muy beneficioso─por los docentes a la hora de planificar sus programaciones. Pues aparte de formar excelentes estudiantes debemos ayudarles a convertirse en ciudadanos libres que puedan elegir en qué formarse sin restricción de ningún tipo y dotándoles de competencias digitales que les abra posibilidades en su futuro.

Ahora bien, el uso de la tecnología en sí no es garantía de éxito. Como decíamos, a más equipamiento tecnológico en las aulas o más presencia de TIC en las unidades didácticas, no tiene porqué traducirse en un mejor aprendizaje. No es cuestión de inversión sino de inmersión, de concentrarnos en el modo en que implementamos un adecuado uso de las herramientas digitales en los procesos de enseñanza-aprendizaje.

No obstante, el interés por digitalizar las escuelas ha ido más bien enfocado en lo primero (inversión), relegando la adquisición de cierta competencia digital por parte de docentes y estudiantes a un segundo plano. Si bien hemos identificado que era necesario modernizarse en un sentido cuantitativo, aún está pendiente adoptar una capacidad crítica y constructiva en el uso de las tecnologías en el aula.

Si los dispositivos ya ocupan un lugar determinante en la vida de los jóvenes, los vemos en las clases, en el recreo, en las calles… ahora toca enseñar en el uso responsable y más creativo. Para este proceso algunos hablan del “de-teching” o retiro tecnológico, o la “dieta digital” que propone Jordi Jubany. En ambos planteamientos viene a considerarse la posibilidad de “descansar” de esas tecnologías para repensarlas a fin de dotarnos de mayor autocontrol y sentido crítico.

En cualquier caso, lo que se ha evidenciado es que facilitar el acceso al aprendizaje hoy es más fácil, pero no garantizarlo. Ya lo señalaron Siemens y Downes en el año 2004 a través del “conectivismo”. En su teoría unía las corrientes de la psicología del aprendizaje (conductismo, cognitivismo y constructivismo) a las TIC y establecía que el conocimiento ya se distribuye a través de las redes interpersonales y otras conexiones abandonando la idea de que éste se construye de manera individualista.

Del mismo modo, Mitchel Resnick identificó que la sociedad ha ido progresando y requiriendo nuevos caminos por el que seguir creciendo y emprendiendo. Pasamos, según él, de una sociedad industrial de los años ’80, de la información en la década de los ’90 y del conocimiento en la actualidad hacia una sociedad creativa necesitada de espacios en los que desenvolverse y demostrar sus cualidades. Para ello, la tecnología nos ha abierto nuevos caminos y nos ha ofrecido métodos innovadores de creación para reinventarnos.

En definitiva, nos actualizamos y añadimos al papel y el lápiz, el dispositivo digital como herramienta de aprendizaje.

*Para más información sobre PLEs visitar: https://sites.google.com/site/lindacqtallerple/

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