El CEIP Ramón y Cajal en Alpartir (Zaragoza) es una de las muchas escuelas rurales que, por toda España, pelean día a día contra los elementos que las marginan. Por eso, a veces, abordar la enseñanza de sus alumnos ha de hacerse desde proyectos originales. Este artículo es un pequeño prólogo de lo que supondrá su presencia en las IV Jornadas Educar para Ser.

Alpartir, pequeña localidad de la Comarca de Valdejalón en la provincia de Zaragoza, tiene una escuela rural incompleta con 5 docentes y 38 alumnos repartidos en tres unidades. Una escuela que las Administraciones educativas deberían tener en cuenta por sus características particulares “a fin de proporcionar los medios y sistemas organizativos necesarios para atender a sus necesidades específicas y garantizar la igualdad de oportunidades” (Artículo 82 de la LOE) y que, sin embargo, ninguna normativa estatal ha recogido. Tampoco nuestra legislación autonómica menciona dichas características particulares. Sólo la introducción al área de Educación Física del currículo de Aragón describe la idiosincrasia de la escuela en el medio rural aragonés y que tanto condiciona al proceso de enseñanza y aprendizaje:

Centros escolares pequeños, con poco alumnado, con clases agrupadas y heterogéneas, profesorado itinerante, material escaso o de difícil transporte, inmediatez de un entorno natural accesible fácilmente desde la escuela, integración de los espacios comunes del pueblo a la vida escolar. Una realidad que propicia planteamientos didácticos globalizadores muy acordes con la etapa, como trabajar por proyectos o mediante centros de interés; que realza las actividades en la naturaleza, pero que obliga a adaptaciones importantes del diseño curricular.

El currículo, por tanto, debe entenderse como un instrumento de trabajo y de referencia abierto y flexible, pero riguroso al mismo tiempo, para que los centros y equipos de profesores puedan aplicarlo adaptándolo a su contexto: situación física del centro en el medio rural o urbano, tipo de alumnado, contexto sociocultural de las familias y otras variables, para de este modo responder a las necesidades reales del alumnado.

Estos dos párrafos ocultos en el currículo nos muestran la intimidad de la escuela rural aragonesa, el lado oculto de la escuela, la cara que sólo pueden contemplar los protagonistas. En estas condiciones, es necesario diseñar y desarrollar un proyecto educativo que contemple la educación como un elemento compensador de desigualdades sociales y territoriales que reconozca la escuela rural como un servicio público sin exclusiones, que contribuya a la integración, a la vertebración de nuestro territorio y a la cohesión social, conformando así una sociedad más justa y equitativa. Para ello, la participación de toda la Comunidad Educativa cumple un papel importante en el mantenimiento de una escuela de calidad construyendo un espacio democrático para que todo el alumnado pueda acceder en igualdad de condiciones a la educación, lo que requiere una atención especial por las propias características de la escuela rural. De ahí la necesidad de dirigir los proyectos de centro hacia la mejora de la calidad educativa mediante unos objetivos comunes y consensuados, asumiendo que cualquiera está en disposición de poder liderar, de influir sin tener que ocupar o ejercer ningún cargo, por lo que es necesaria una cultura de colaboración donde el proyecto educativo, el trabajo en equipo y los intereses generales de la comunidad educativa se antepongan a los intereses particulares. En nuestro caso, el uso de las TIC supone una herramienta potente para poder llegar a más personas mediante las redes sociales, por ejemplo, y así hacer partícipe a toda la comunidad educativa y dar a conocer las actividades que se realizan en un nuevo paradigma educativo, que también afecta a la zona rural, caracterizado por el cambio continuo y la constante necesidad de adaptación, siendo necesaria la innovación constante y la preparación del alumnado para que sepan adaptarse a estos cambios continuos y vertiginosos. En cualquier caso, discutir, compartir ideas y llegar a un consenso sobre el cambio entre toda la comunidad educativa es fundamental para emprender cualquier iniciativa orientada a la mejora de la escuela rural, sin olvidar que el objetivo primordial siempre debe ser la mejora del aprendizaje del alumnado.

Desde nuestra escuela entendemos que para cambiar y avanzar hacia un sistema que mejore la calidad educativa no debemos trabajar solos, sino en red, colaborando con otras instituciones, de ahí que nos definamos como comunidad educativa y que en nuestra página web aparezca este proverbio africano: “Para educar a un niño hace falta la tribu entera”. Así, se gestionan distintos proyectos que nos permiten trabajar junto a otras instituciones con la finalidad de compartir experiencias y buenas prácticas, lo que nos permite colaborar con entidades como Amnistía Internacional, Greenpeace, SEO/BirdLife, UNESCO, UNICEF o Save the Children, por ejemplo.

Ahora bien, podemos mejorar nuestra escuela atendiendo al desarrollo de las competencias básicas del alumnado mediante la enseñanza reglada y por medio de distintas actuaciones que definen nuestra escuela como inclusiva, por lo que la “mejora” depende en gran medida de nuestro proyecto educativo. Sin embargo, con la LOMCE la “mejora” se define por los resultados en unas evaluaciones que miden aspectos determinados de algunas competencias del alumnado, sin valorar los proyectos de innovación del centro o la calidad del proyecto educativo, por lo que, a priori, los resultados serán mejores en aquellos centros que acojan a alumnado con mayor nivel socioeconómico. Por tanto, de partida la zona rural empieza con desventaja si tenemos en cuenta que a quien realmente miden las evaluaciones no es al alumnado, sino también a sus familias. Valdejalón, por ejemplo, es la comarca aragonesa con mayor proporción de población extranjera.

De esta forma, el colegio de Alpartir, en estos últimos cursos, ha apostado por un cambio en el Proyecto Educativo de Centro hacia un modelo de escuela inclusiva incorporando estrategias educativas que contribuyan a superar las desigualdades y a fomentar la cohesión social atendiendo a estos elementos clave como son los agrupamientos del alumnado y la participación de las familias. Para ello, por ejemplo, se utilizan los proyectos documentales integrados para educar en un mismo grupo a alumnado diverso y así mejorar el rendimiento académico y la solidaridad entre el alumnado, pues se organizan las clases con grupos heterogéneos de distintas edades, siendo uno de los aspectos más relevantes del trabajo por proyectos la significatividad del aprendizaje y el trabajo cooperativo entre el alumnado de diferentes niveles junto con la participación de las familias en grupos interactivos, lo que supone la participación de toda la comunidad educativa con una estrecha interacción, cooperación y diálogo en un contexto de inclusión muy efectivo al aprovechar el entorno pedagógico de la escuela rural.

Así, nuestra Comunidad Educativa, si hablamos con los niños y niñas de nuestro colegio, están orgullosos de su escuela, saben que están viviendo algo especial. Las familias también lo entienden así, pero les preocupa la incorporación a la ESO, una etapa totalmente distinta en un entorno opuesto al vivido en la Primaria. Mientras que los docentes ven que no tienen los recursos necesarios para compensar las desigualdades de la zona rural por el desmantelamiento de la escuela rural al que estamos asistiendo aprovechando la coyuntura económica con los mismos argumentos que se utilizaban hace 40 años para suprimir las escuelas unitarias y cerrar las escuelas en el medio rural.

Por último, recordar que la escuela rural y sus elementos positivos están descubiertos hace tiempo, que lo que hay que hacer es eso, recordarlos para que crezca el número de defensores de las escuelas en el medio rural. Y en ello estamos, así que gracias a Educar para Ser por darnos la oportunidad de difundir la escuela rural como una alternativa de entender la docencia.

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