En Altea, La Escuela del Bosque, un proyecto “distinto” pero con mucha historia propia y un modelo avalado internacionalmente, abre las puertas de la naturaleza a un proyecto educativo de vanguardia e innovación pedagógica que no sólo incorpora una metodología, sino que se centra en desarrollarse como un centro social y cultural abierto para el desarrollo y la participación de todos.

Para empezar…

Toda escuela representa un modelo de educación, acompañado por las familias, que marca una coherencia en las formas y herramientas de atención a sus alumnos. Y en esta necesidad de cambio y revolución de “la escuela” de nuestros tiempos, los proyectos educativos de educación en la naturaleza tienen mucho que aportar.

En esencia, definiríamos una “escuela bosque” como… un proyecto educativo donde el espacio de aprendizaje desdibuja el concepto de “aula” e incluso “centro educativo”, para que el contexto salvaje, abierto (bosque, campo, playa…) que rodea la comunidad, así como sus habitantes (oficios, museos, industrias, organizaciones, ciudadanía…) sean escenario principal de vivencia y convivencia para un aprendizaje activo basado en el espíritu científico, el sentido de pertenencia y la elaboración constructiva.

Pero no solo para eso, también para que un montón de aspectos curriculares desconsiderados en su profundidad y trascendencia afloren de forma sencilla y directa, esto es, entre otros,  la empatía y amor a la naturaleza y todos sus seres vivos, incluidas las personas que ayudan en la labor; el autocuidado y cuidado de los otros frente al riesgo y los retos diarios; la auténtica educación vial y de campo, forjándose un comportamiento cívico, ético natural, donde la tranquilidad y el agradecimiento son sus bases; el manejo de las relaciones y anécdotas espontáneas, fruto de un día a día al exterior lleno de sorpresas que integrar en los objetivos de aprendizaje; la canalización de propuestas y compromisos donde desarrollo comunitario es sinónimo de intercambio y participación de toda la comunidad educativa; el sentimiento de grupo y la resolución de conflictos, la valía propia y el descubrimiento del potencial individual que hacen visible el poder de la cooperación…

¿Dónde queda el local entonces?

Las escuelas bosque conciben las instalaciones escolares como auténticos centros socio-culturales, dominando la polivalencia y el movimiento entre sus espacios. Si bien los grupos escolares, tienen una concepción heterogénea con agrupación de edades por ciclos (tres edades para infantil y primaria y dos para secundaria), disponen de “aulas identificativas”, su función es la de albergar los hallazgos, los resultados de investigación, las recolecciones, convirtiéndose en salas multiusos (consulta, trabajo de elaboración, confort, intimidad grupal…). Así mismo, las aulas especializadas suponen un espacio donde poder acudir para el empleo de materiales específicos o la ejecución de procesos técnicos muy especializados, ya que cualquier disciplina es susceptible de practicarse también al exterior. El espacio exterior del recinto o patio también responde a este concepto polivalente y “verde” por excelencia, y… muy transitado.

En las escuelas bosque, el aprendizaje diario no está marcado por el aula, si bien en la etapa infantil y secundaria aumenta el trabajo en el centro, la escuela y sus recursos están al servicio del acompañamiento del aprendizaje vivo. Las instalaciones no solo son una referencia para la comunidad escolar, también lo son para poder albergar visitas e intercambios de su comunidad local o de otras.

  Las escuelas bosque rompen el concepto exclusivista y cerrado de recinto o lugar para el aprendizaje escolar, impulsando la clave de que “se aprende en cualquier lugar y a cualquier hora”.

¿Y cómo?

La organización del centro modula este acompañamiento del aprendizaje mediante reuniones diarias interdisciplinarias, donde la puesta en común del día a día en el trabajo por proyectos es alimentado y gestionado con todos los recursos humanos y materiales al alcance. Así mismo, el sentimiento de comunidad se desarrolla frecuentemente a través de la exposición de los resultados obtenidos por los grupos al resto de la comunidad.

La concepción de la escuela como centro sociocultural, permite un desarrollo permanente también extraescolar con actividades abiertas a la comunidad local, de diferente índole. Un verdadero sentimiento de pertenencia de todos como agentes educativos responsables y como motor de propuestas y desarrollo social y cultural.

  La coordinación del centro gestiona y promueve dicha participación desde una filosofía de integración, inclusión y responsabilidad, de modo que esta dimensión adquiere igualmente un sustrato educativo coherente con la “pedagogía verde” para toda la comunidad.

Pero,  ¿por qué salir fuera?

Nuestra respuesta sería… pero, ¿cómo no se sale fuera?

Afortunadamente, lejos de ser una moda pasajera, más de 100 años avalan la experiencia, contando con antecedentes históricos,  ya en 1914, con L´escola del bosc desarrollada por Rosa Sensat con el apoyo del Ayuntamiento de Barcelona en el Parque del Montjuic.

El origen de las escuelas bosque nace de experiencias de aprendizaje en entornos próximos a la naturaleza, donde una supervisión respetuosa del adulto es capaz de captar  y acompañar la verdadera esencia infantil de juego, recreación, curiosidad y capacidad de aprendizaje innatas. También desde proyectos ligados a la salud infantil, el aprendizaje en la naturaleza mostró su incomparable poder de salud, vitalidad y estímulo positivo y completo para la infancia.

Esta fue la razón por lo que se descubre que si una escuela bosque era adecuada para discapacidades y dolencias infantiles, también lo era para el desarrollo del potencial de cualquier niño. Si bien los orígenes del modelo están ligados a la etapa infantil, en las últimas décadas, en especial como consecuencia de los estilos de vida culturales poco saludables y poco educativos, las escuelas bosque han desarrollado sus proyectos educativos para poder compaginar las prescripciones de los currículos oficiales con el aprendizaje al exterior tanto para primaria como para secundaria.

La importancia del aprendizaje en el medio natural es, en sí mismo, una fuente inagotable de beneficios relativos a la estimulación, el desarrollo inmunológico, el sentimiento de bienestar frente al estrés, la movilidad y cualidad física, la capacidad de concentración, de espera y esfuerzo, el sentido interno de ser parte y la motivación por el aprendizaje.

Las experiencias de los proyectos educativos y la investigación actual apuntan también hacia aspectos notables como la capacidad de integración cultural y lingüística, el desarrollo de la autonomía, la adquisición de destrezas y mapas mentales de forma creativa y resolutiva, el desarrollo integral de las capacidades, el desarrollo de la conciencia social y medioambiental natural y proactiva, la autoconfianza y las habilidades sociales de empatía y trabajo en equipo.

¿Y cómo es posible tanta bondad?

Por la misma razón “de cambio” que la define, el medio natural es saludable también para los profesionales que acompañan, el espíritu investigador es imprescindible para todos, la escucha y las relaciones personalizadas, con ratios profesor alumno reducidas, la resolución de conflictos y el crecimiento grupal crean una comunidad sincronizada que cada día pone en común y sintoniza creativamente su dirección educativa.

Perder el miedo a no saber, transformándolo en querer saber, integrar al otro, ocupar el lugar y desarrollarse, ver con los propios ojos y aportar a la comunidad.

Para terminar…

Una auténtica revolución social nos espera, la infancia es pura, lógica y muy valiente y no acepta así como así las incoherencias de esta sociedad, no al menos sin intentar buscar una salida.

Necesitamos que España también cuente y se nutra de la importancia del aprendizaje al exterior, de una forma rutinaria, más allá de las esporádicas salidas escolares.

Necesitamos que docentes e instituciones estén preparados para abordar el aprendizaje en la naturaleza con mayor seguridad y preparación.

La infancia y la juventud necesitan más que nunca vivir sus procesos de aprendizaje y desarrollo en primera persona y en primer plano, formando parte de la realidad, diferente a la diferida o la virtual. En esta realidad, la vivencia y experimentación cotidiana dentro  del entorno natural se ha convertido en un derecho universal de la infancia y la juventud a recuperar, estando en juego la salud y el bienestar presente y futuro.

 

LA ESCUELA DEL BOSQUE es un proyecto de escuela bosque pionero en la comunidad valenciana, gestionado por la asociación PROYECTO INFANCIA Y NATURALEZA que está trabajando para la apertura de un centro educativo homologado completo de educación en la naturaleza para alumnos de 3 a 18 años. Si quieres colaborar ponte en contacto con nosotros en el teléfono 644 40 11 88 o a través de e-mail laescuelabosque@gmail.com, síguenos en Facebook LAESCUELABOSQUE, y te mantendremos informado de nuestros avances, junto a un montón de referencias de actualidad referidas a la educación en la naturaleza.

REFERENCIAS

Nuestro Proyecto Educativo de referencia: “Environmental School Proyect” es una escuela  canadiense que atiende alumnos desde infantil a secundaria, que se creó en 2008, en funcionamiento desde 2011, pública, con implicación de todas las instancias implicadas,  gobierno local,  universidad e inspección educativa. Su página presenta abundante material audiovisual – http://es.sd42.ca/

1 comentario
  1. SONIA DEL CARMEN DIAZ BOLIVAR
    SONIA DEL CARMEN DIAZ BOLIVAR Dice:

    Sería muy bueno este proyecto sobre todo que el niño comience a amar a la naturaleza a cuidarla y enseñarnos a sembrar árboles

    Responder

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