Mariola Moraña Foncubierta es artista plástica y profesora de arte. Trabaja en encaústica (ya sea sola o en técnica mixta). Lleva siete años como profesora de arte para niños y adultos, enseñando a bebés desde 8 meses (taller “Mis primeras pinturas”) hasta adultos de 90 años. Comenzó trabajando con otras compañeras en la Asociación Cultural Arte 360, cuyo lema era ”Arte para todos”. Toda su labor, artística y docente, podéis verla en su Instagram mariola­_tallercreando (@mariola_tallercreando).

El primer lenguaje  de un ser humano, antes que hablar, que escribir, es el arte.  Probadlo con un bebé de ocho meses. Dadle unas pinturas y unos pinceles. El bebé, de manera natural, empezará a pintar, incluso se empeñará obstinadamente en un color determinado. Intuitivamente, el color elegido le representará una emoción que la criatura sentirá en ese momento. Lo sé, yo misma he realizado talleres para bebés. Y si eso es así,  ¿por qué el estamento educativo de este país ningunea y desprecia este lenguaje? Habría tantas razones como la ignorancia pudiera crear. Quitarle a un niño la posibilidad de crear arte podría ser tan dañino como negarle el acceso a aprender su idioma.

Es cierto que existen colegios donde se imparte la asignatura de “Artes Plásticas”, pero en realidad es la asignatura de “Contención de la creatividad”. Es suprimir la creatividad de un niño con entrenamiento académico. La expresión de un niño es  muy frágil. En mis talleres de arte nunca asigno tareas artísticas enfatizando la perfección artística, pues éste sería el camino más rápido para que el niño pierda el interés. Primero deben conocer el color y luego vendrá el dibujo. Primero la emoción, luego la técnica.

Cada semana, en mi taller, los niños conocen a un artista (diferentes épocas, diferentes movimientos, diferentes estilos). Conocen su vida y su obra. Aprenden que las vivencias de uno es la imprimación de su arte. Uniendo todo lo visto y aprendido, cada niño crea una obra a la manera de dicho artista. Una semana es Kandinsky, otra semana Velázquez, la siguiente Maruja Mallo… Hoy diseñamos una habitación de Van Gogh, otro día vemos un nuevo look de la Princesa de Éboli visto por Sofonisba Anguissola, o quizás con nuestra arcilla creamos agujeros escultóricos de Bárbara Hepworth o construimos pequeños Merzbau como Kurt Schwitters. Copiamos como artistas; robamos como genios. Y así, con el tiempo, una niña de siete años en el rato libre que hay en los talleres (cuando acaban sus proyectos) me dice: “Mariola, me apetece crear expresionismo como Kokoschka” y otra con nueve años , en Navidad, me dibuja un Papá Noel devorando un niño porque , según sus palabras, “se siente inspirada por Goya”.

Y no tienen miedo al error. Como escribió Mark Rothko : ”los niños son inconscientes de cualquier dificultad, cortan el camino y superan los obstáculos que pueden volverse canosos para un adulto, ¡y presto! Pronto sus ideas se vuelven visibles en una forma claramente inteligente”.

Pero el colegio les enseña que el error existe y que deben evitarlo consiguiendo que nunca se atrevan a hacer nada. ¿Cómo es posible que se considere formación artística darle a un niño la copia de una obra artística indicándole los colores que debe poner sin opción a ningún cambio? ¿Cómo es posible que impartan dichas “clases de arte” personas sin formación artística? ¿Se consideraría aceptable que el profesor de gimnasia diera clases de matemáticas? Pues si da clases de arte se considera normal. Una clase de educación artística no es un taller de manualidades. Pero el discurso oficial concibe, apoyado por las leyes, a las enseñanzas del arte como disciplinas prescindibles, complementarias, marías. Una clase de arte no es un grupo de niños creando un mural para celebrar la primavera. Una clase de arte es un grupo de niños interpretando como ven ellos la primavera (y ninguno la verá igual). Creamos una sociedad de ciegos-videntes. Rodeados de imágenes, no sabemos interpretarlas ni analizarlas. En mis clases quiero que los niños no vean sólo las obras de otros artistas, sino que las interpreten (creando sus obras) y que también hagan sus críticas. Que tengan la actitud del niño del traje del emperador. Que si ven que las mujeres de Modigliani parecen “gallinas muertas”, que lo digan (como comentó una de mis alumnas de 10 años). No quiero temerosos del arte, sino pensadores creativos. En el taller de arte cultivamos la autoconfianza , la empatía y la colaboración en equipo.

Esta educación artística, con el tiempo, crea buenos ciudadanos.  Y en el mundo que vivimos no es una idea desdeñable. Un mundo con arte es un mundo de paz.

8 comentarios
  1. Raquel Martin
    Raquel Martin Dice:

    Las disciplinas consideradas “inútiles” son las más edificantes y valiosas para el ser humano. Nuccio Ordine lo explica estupendamente en “La utilidad de lo inútil”. Gracias Mariola.

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  2. Carmen
    Carmen Dice:

    La creatividad es la base para resolver cualquier obstáculo de la vida cotidiana. Un niño creativo dará millones de soluciones a cualquier problema que se le presente, será un adulto que entienda sus emociones, un adulto con una mentalidad abierta. La creatividad es la base para las relaciones sociales, para adaptarse a cualquier circunstancia. Y q es al final ser una persona inteligente? El q más sabe o el que mejor se adapta? Con tu taller, Mariola, los niños también aprenden a ser críticos y no a conformarse con aquello q no les gusta. En una sociedad cuadriculada necesitamos que nuestros hijos cultiven la creatividad, la belleza, el arte… necesitan de personas como tú, que les dejen ser ellos mismos, que le den rienda suelta a su imaginación y a sus pequeños yo interior. Ya sabes q adoro tu trabajo… muchos besos

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